Mariano Ferreyra, Presente

¡Che Pedraza, hijo de yuta, con piquete y lucha te metimos preso!¡ Che Pedraza, patotero, mataste a Mariano, vos matás obreros!¡ Mariano Ferreyra hoy te decimos presente, Mariano Ferreyra hasta la victoria siempre!…

Los militantes de izquierda cantan mientras caminan desde la sombra de la Torre de los Ingleses hacia los Tribunales de Comodoro Py, en el barrio de Retiro. Víctimas de la burocracia sindical, estudiantes y trabajadores, luchan por la condena a los responsables del crimen de Mariano y del daño sufrido por Elsa Rodríguez.

El edificio de los tribunales, un bloque de cemento frío, los recibe en un día vestido para la ocasión. En frente hay a una Iglesia que, con la cruz en alto, parece juzgar el comportamiento de los allí presentes.

Inauguran el acto y proclaman una y otra vez que se trata de un crimen político, perpetrado por José Pedraza y su patota de la Unión Ferroviaria, con su mano ejecutora Cristian Favale, y con el concurso necesario de la Policía Federal, los capitalistas de la concesión y el aparato ministerial de Transporte y Trabajo.

Mientras, ese flaco de ojos tristes pero soñadores en los que me reflejo, sonríe tímido desde la parada del micro, desde un graffiti en el piso, desde un pin en un guardapolvo, una foto colgada en una reja, una bandera; me mira, como esperando, como preguntando… y yo, sumida en una profunda tristeza, me convierto en una resignada espectadora.

Se van formando grupitos de jóvenes desperdigados por el hormigón, tomando mate, debatiendo, intercambiando opiniones, recordando aquel día, ese enfrentamiento en Barracas.

Una chica de pelo rosa arma un cigarrillo, mientras su compañero acostado a su lado lee un panfleto; una nena come un pancho y se lo ofrece a su madre que, con una whipala tatuada en la piel, le dice: “no gracias” ; guardapolvos blancos aquí y allá; y un par de solitarias mujeres con los pañuelos verdes que reclaman el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito, acompañan el acto y esperan que las acompañen, también, en su lucha. Postales de una jornada que ningún medio masivo mostró, que no se proyectaron en ningún televisor.

 

Dentro de los Tribunales, imagino a Pedraza sentado en el banquillo, con la mirada de los familiares de Mariano, clavada en la nuca. Cuatro manifestantes del Partido Obrero, los heridos de aquella tarde, narran lo ocurrido en la calle que se transformó en un matadero: reflejo de una argentina burocratizada que arrastra una larga historia de sindicalismo, negociaciones turbias, y zonas liberadas.

 

Aquel 20 de octubre de 2010 una patota integrada por miembros de la Unión Ferroviaria y presuntos barrabravas se enfrentaron  contra militantes del Partido Obrero y trabajadores tercerizados que protestaban por su situación laboral. Una bala transformó a Mariano en esa víctima buscada para aleccionar, como tantas otras veces a lo largo de la historia.

Sin embargo, esta vez los anhelos son distintos. Se reinventan canciones y mientras éstas  resuenan en mis oídos, Mariano me sigue mirando, y yo siento que mi sonrisa se abre camino en la pesadumbre de la tristeza, y le dice: No te preocupes, en el afán de que seas uno menos, en el afán de querer aleccionar, te multiplicaron por miles. Y así, sonriéndole, dejo de ser solo espectadora y comienzo a cantar.

6 de agosto 2012

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