Bruera es Abril

La desidia del Estado no sólo produjo este crimen social, sino que lo agravó al no hacerse presente, más que con gendarmería y el ejército, ni en los barrios, ni en las casas, ni en los hospitales, ni en las escuelas.

A través de tweets mentirosos, de fotos fingidas, sentados en el piso de la Facultad de Periodismo -esa Unidad Básica que tanta seguridad da- , dando la cara solo en los medios masivos, pero sin animarse a pisar el barrio, los culpables pretendieron saldar deudas. Se huele en el aire las mentiras, la irresponsabilidad, la culpabilidad, y la mierda, no sólo del Arroyo del Gato que subió y llenó las paredes de las casas, sino la de los pusilánimes que dejaron a los vecinos a la deriva, con la bronca atragantada.

Una y otra vez la gente repite: “Acá no vino nadie, ni defensa civil, ni los bomberos, no vino la municipalidad. No vino nadie, nadie, nadie”. Ausencia del Estado, dicen algunos, pero no es tan así. El Estado dio una mano, o más bien un brazo: el brazo armado. Cristina desde la tele alertaba cuan necesario era militalizar los barrios, ya que “la gente estaba asustada porque había visto caras raras”. Caras raras si, caras marcadas por la tristeza de haber perdido todo.

“Fuimos a la delegación, pedimos un colchón y no nos quisieron dar. Entonces ¿qué hicimos? les cortamos la calle y nos mandaron 30 milicos para cagarnos a palo, a mí y a mi suegra”. Cuenta Sergio, mientras mira con tristeza su casa en el barrio Las Quintas. El frío que sube desde el piso de tierra, mojado, hiela hasta los huesos.

Darío solo recibió una respuesta tras la muerte de su cuñado: tarjetas personales de diferentes funcionarios que nunca respondieron a sus llamadas. “Cuando necesiten un voto van a venir acá a comprar la gente con una cajita de mercadería. Así le van a decir “Tomá acá tenés una cajita de mercadería, pero tenés que ir a la unidad básica, sino te vengo a buscar yo”, contó, rememorando una de las escenas que más se repiten en el barrio, e instantáneamente ensayó una respuesta: “Ah ¿me venís a buscar? ¿Y por qué no me viniste a buscar cuando un familiar mío se estaba muriendo y cuando mis hermanas estaban durmiendo arriba de un colchón mojado sobre la mesa, con mis sobrinos? ¿Por qué no me viniste a buscar ahí, cuando yo los necesitaba?”

La correntada se llevó a Esteban por ese Arroyo que atraviesa la ciudad. Sobre sus orillas viven miles de familias expuestas a la contaminación que producen tanto las fábricas, con sus desechos industriales, como las cloacas clandestinas y los residuos domiciliarios. “Cuando era muy chica mi casa se inundó. Sé lo que es perder todo”, contó Cristina Fernández “Pasó cuando todavía no estaba entubado el arroyo ‘El Gato”, afirmó y se levantó de nuevo el olorcito a mentira.

Los vecinos tienen otra versión, la versión de lo cotidiano:  Sergio contó “Acabo de cumplir 45 años, nunca entubaron el Arroyo. No sirve de nada que vengan los de la municipalidad cada tanto a juntar la basura que se junta a las orillas. Para colmo La inundación trajo mucha mugre, se taparon todas las bocas de tormenta, si ahora cae otra lluvia fuerte se va a volver a inundar todo y otra vez lo mismo, a luchar para poder tener lo que consiguieron después de esta inundación, Al Arroyo hay que dragarlo.”

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