Gestación de la ilusión privatista 1983-1989

” …Es sabido que las empresas del Estado han dado perdidas en otros años, pero de lo que puede estar seguro es que el justicialismo, ni les ha puesto, ni las va a poner banderas de remate, porque está en juego la soberanía del Estado argentino” Eduardo Menem (presidente del senado 1988) 

            Desde 1983 hasta 1989 transcurre una etapa de “ilusión democrática” , que fue configurando la fisonomía que el país adquiriría luego bajo el lema de la Argentina neoliberal.

alfonsin

Durante este periodo de la historia argentina, el país ha de transitar por la senda democrática, padeciendo una serie de inconvenientes en el plano económico, los cuales se cristalizaron luego en el plano institucional, polarizando los ánimos de los actores políticos de la época.

El gobierno de Raúl Alfonsín puso fin a una larga serie de dictaduras y democracias proscriptoras que minaron nuestra historia durante el siglo XX. En esta nueva era la sociedad argentina no estaba dispuesta a discutir el sistema de gobierno, el consenso era pleno respecto a la democracia. El disenso se presentó en la forma de encarar el déficit económico heredado de la dictadura.

A la cabeza en el ministerio de economía se encontraba  Bernardo Grispul, quien debió enfrentar a comienzos de 1984 una deuda externa que representaba el 60%  del PBI nacional,  y que se llevaba por concepto de los servicios de la deuda una parte abultada del presupuesto nacional. Este déficit fiscal se logró paliar con la emisión de dinero para el pago de la misma, sin embargo esto llevo a una  inevitable y severa inflación que marcaría todo  el periodo alfonsinista.

Otra de las herramientas macroeconómicas  utilizadas e impulsadas por iniciativa del FMI, que pugnaba por cobrar lo adeudado,  fue la creación de una comisión especial para determinar en que casos se debía privatizar empresas estatales . De esta forma Alfonsín se convierte en el pionero en el traspaso de las empresas públicas a manos privadas, pero en una escala reducida

Para 1984 la inflación tocaba índices  superiores al 640%  lo que motivo la salida del ministro de economía y su reemplazo por Juan Vital Sourroville en 1985. mientras en los medios se comenzaba a instalar la cuestión de las privatizaciones generando el consenso necesario en público, cansado de la ineficiencia de las empresas manejadas por el Estado que no hacían más que arrojar déficit a cambio de servicios defectuosos.

El nuevo ministro implementó un giro económico denominado “Plan Austral” el cual  pretendía introducir una serie de reformas para estabilizar la economía: regular la emisión monetaria con una política más estricta , controlar los gastos,  congelar los precios, eliminar los mecanismos de indexación y cambiar la moneda: el peso fue reemplazado por el Austral.

Se continuó con la política privatista invitando a todas las empresas de capital privado a adquirir empresas estatales a los efectos de reducir las erogaciones estatales que las balanzas de pago de las mismas generaban.

De todas maneras el plan Austral solo logró contener la inflación por un año y para 1986 se disparó nuevamente el pico inflacionario desalentando a todos los partícipes de la economía nacional, en especial a la clase media que era quien más padecía sus efectos.

Para 1987 es incorporado Rodolfo Terragneo como Ministro de Obras y Servicios Públicos. Terragneo fue apoyado por los medios de comunicación y no tardó en erigirse  como el “Profeta de la privatización” al proponer la venta parcial de ENTel, Aerolíneas Argentinas e YPF .  concebía a las mismas como una prioridad estatal ya que su  deteriorado servicio, su déficit crónico y la presión de la deuda externa impedían que el Estado haga las inversiones necesarias para lograr hacer viable esas actividades. Los medios que repetían los discursos de éste ministro lograron imponer el concepto de “empresas tabú”,  las cuales eran vistas como el cáncer de las finanzas públicas.

El presidente del Senado, Eduardo Menem,  formaba parte de la oposición, que tuvo su mejor arma en ese mismo ámbito como espacio de disputa de poder. El hermano del que seria el futuro presidente: Carlos Menem, desde su banquillo criticaba las nuevas medidas, aducía la falta de transparencia, la ausencia de licitaciones públicas en las que no se trato captar el capital nacional sino que se dio prioridad al capital extranjero, la evaluación irrisoria del costo de compra, los defectos jurídicos, la falta de solvencia de los compradores y la deficiente forma de pago… criticas que  vistas en perspectiva suenan irónicas.

El fin del gobierno de Alfonsín estuvo marcado por una fuerte inflación que pasó del 9 al 80 % mensual. A esto se le sumó la liberación del dolar acompañado por la oferta y la demanda en el mercado, por lo que en febrero del ’89  pasó a cotizar de 17 a 25 Australes, en marzo 49 Australes , en abril 80 Australes y en marzo 240 Australes,  aumentando 14 veces y fomentando la cultura de la especulación.

Además los índices de pobreza generaron violencia y una ola de saqueos de supermercados, así Alfonsín termina su periodo de gobierno con un “golpe de mercado”: la hiperinflación se uso ex profeso para facultar las reformas estructurales en el disciplinamiento social.

En resumen, la idea de las privatizaciones estaban arraigadas en la conciencia colectiva y aceptadas antes de la llegada de Menem al poder lo que le permitió a éste profundizar los lineamientos de dicha política.

Sabrina Ramírez

Nicolás Mazzucco

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